Bestiario de Final Fantasy XII – Humanoides

Bestiario de Humanoides de Final Fantasy 12 The Zodiac Age con sus apuntes y descripciones completas
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Bestiario Humanoides Final Fantasy XII Zodiac Age | Final Fantasy | baseavalancha.com

Humanoides

Seeq


Categoría: Humanoide | Tipo: Seeq

Apuntes:

Humanoides de gran tamaño y anchura, cuya inteligencia y delicadeza se consideran algo inferiores a las de los humes.  

A pesar de su aspecto macizo, se mueven con sorprendente agilidad y son excelentes guerreros tanto en el ataque como en la defensa.  

No obstante, debido a su ruda naturaleza y a su escasa moral, a menudo terminan convertidos en bandidos.  

Gustan de las joyas, el oro y los objetos brillantes en general, con los que adornan profusamente sus generosas anatomías.

El laberinto de los mitos 1/5:

Los mitos y leyendas suelen deformarse grandemente por influencia de las culturas y las religiones de quienes los transmiten a través de los años. Solo mediante el atento estudio de sus múltiples variaciones seremos capaces de acercarnos a la verdad primordial.  

Presentaré aquí uno de tales relatos, que trata de la creación de Ivalice. No es el único, por supuesto, pero sí uno de los más peculiares, pues gira en torno a un acto de venganza.  

¿Podrás ver, lector, la verdad oculta tras los velos del mito?  

Sekhaba, teólogo


El laberinto de los mitos 2/5:

Ahnas, el Sublime – Parte 1

Miles de años llevaban trabados en lucha encarnizada los dioses de Fabar y los dioses de Danan.  

Un aciago día, el profeta Matoya declaró que Xabaam, rey dios de los Danan, moriría herido por el acero en el que más confiaba y que así terminaría la guerra.  

Atemorizado, condenó Xabaam al más leal de sus generales, Ahnas, dios de las espadas, a vagar infinitamente por oscuros laberintos de las profundidades subterráneas, junto con sus seguidores.  


Sin embargo, Ahnas consiguió la ayuda de Heth, dios de la muerte, que era el amo del laberinto, y así logró escapar de las oscuras profundidades.

El laberinto de los mitos 3/5:

Ahnas, el Sublime – Parte 2

Su propia vida ofreció Ahnas a Heth, dios de la muerte, como pago por haberle dejado huir, y juró venganza junto a sus seguidores.  

Pasarían miles de años hasta que un ejército se presentara frente a los dioses de Fabar. Eran nada menos que los seguidores de Ahnas y él mismo, su vida unida mágicamente a la de Heth.  

Ahora era Ahnas, el Sublime, y al mando de su ejército ganó batalla tras batalla contra las fuerzas de los Danan.  

La noticia de sus triunfos llegó a oídos de We’aka, dios del destino en el Olimpo de Fabar, a quien un día reveló Ahnas la verdad acerca de su pasado.

El laberinto de los mitos 4/5:

Ahnas, el Sublime – Parte 3

We’aka sintió que esa venganza le brindaría fuerza, y prometió a Ahnas que sus tropas estarían presentes en la batalla final contra los Danan.   

La larga guerra entre los Fabar y los Danan se aproximaba a su último capítulo. Ahnas utilizó el poder mágico que como parte de Heth poseía y dio a sus soldados fuerza para la batalla.  

A algunos obsequió con poderes especiales; de ese modo nacieron los amos elementales del Fuego y del Agua y los capitanes tácticos del Veneno y de las Ondas destructoras.  

Grande habría de ser la gloria de estos beneficiados en el campo de batalla.  

La guerra continuó aún durante muchos siglos, hasta que, por fin, Ahnas venció a los dioses de Danan, reveló su verdadera identidad a Xabaam y le tomó prisionero.

El laberinto de los mitos 5/5:

Ahnas, el Sublime – Parte 4

We’aka, dios del destino, y las demás deidades de Fabar decidieron que la cabeza del rey dios Xabaam habría de caer, pero Ahnas, deseoso de hacerle pagar un precio más alto por su traición, le impuso un hechizo de vida eterna y dio forma con su cuerpo a un vasto territorio que él contemplaría gozoso desde el Paraíso, junto a sus fieles seguidores. Ahnas, ahora dios de la luz, bautizó esa tierra con el nombre de Ivalice.  

Siglos más tarde, vendrían los hombres a clavar sus azadas en las carnes del nuevo cuerpo de Xabaam, quien se consumiría lentamente, atormentado por el remordimiento.  

Dividiéronse Ahnan y los suyos en dos: Perselas, el Diurno, y Metselas, el Nocturno, quienes juraron proteger esa tierra por toda la eternidad.

Urutan yensa


Categoría: Humanoide | Tipo: Urutan yensa

Apuntes:

Raza que evolucionó desde su origen de crustáceo hasta su forma actual, humanoide y bípeda.  

Tienen la piel extremadamente dura y cubierta de pelos rígidos y puntiagudos como agujas.  

Suelen envolverse en elaboradas ropas, aunque no se sabe si lo hacen para protegerse de las inclemencias del tiempo o para ocultar su poco agraciada apariencia.  

Son agresivos por naturaleza y jamás han podido integrarse en una comunidad hume.  

Si bien carecen del concepto de nación, son ferozmente territoriales y la lucha entre las diferentes tribus es incesante.

Carta a un explorador 1/5:

Querido Bulanoia:  
He terminado de descifrar el pergamino que me enviaste el otro día; adjunta encontrarás la transcripción.  

A pesar de su considerable antigüedad, debo decir que el texto no ha llegado a poner a prueba toda mi capacidad.  

Aparentemente son las notas de un fabricador de armas, aunque no pondría las manos en el fuego por su autenticidad.  

Sinceramente, creo que se trata de un fruto de la imaginación.

Ojalá que a tu regreso me traigas algo más sustancioso a lo que hincarle el diente, aunque, como siempre, mis expectativas son moderadas. 

J. Farrister, arqueólogo


Carta a un explorador 2/5:

Notas de proyecto n.º 1

27/24/12  
A pedido de un cliente en buena posición, he de fabricar un artilugio para derribar a cierta escoria. Olvidé preguntar al cliente de qué tipo de monstruo se trataba, pero en realidad poco importa. Si algo en común tienen esas criaturas es la voracidad y la codicia. Idearé un cebo al que ninguna de ellas podría resistirse; le daré forma de cofre o algo así.  

27/26/19  
He hecho un prototipo y lo he probado escondiéndolo entre las pertenencias de mi asistente. Grande ha sido su sorpresa cuando, al intentar abrirlo, se ha disparado la trampa que contenía. Ahora solo falta añadirle un mecanismo de ataque apropiado.

Carta a un explorador 3/5:

Notas de proyecto n.º 2

27/26/29  
Producto entregado.  

27/27/1  
He recibido una queja.
La presa buscada era un dragón de tremebunda fuerza.
¡Me lo hubiera dicho antes!
Pero en mi negocio no puede contradecirse al cliente.
De rodillas y con la cabeza baja he rogado y conseguido al fin una suma por costes adicionales.
Es algo que no olvidaré.  

27/27/5  
¿Cómo derrotar a una criatura de inconmensurable poder?
¡Noches en vela he pasado!

Carta a un explorador 4/5:

Notas de proyecto n.º 3

27/28/6  
Hace calor. Demasiado. Esta época del año definitivamente no cuenta con mis favores.
De cualquier modo, he decidido un plan de acción. Si uno no conoce la fuerza del enemigo, antes que nada debe medirla y adquirir el poder necesario para vencerlo. ¡Crearé un arma capaz de aprender y crecer por sí misma!  

27/29/16  
He instalado el mecanismo de crecimiento. Ahora mi arma parece una criatura viva, y me ha inspirado a crear otra que pueda ser su madre.  

27/30/14  
La madre está lista y crece sin pausa, mientras genera, una tras otra, pequeñas larvas que guardan la misma apariencia de cofres.  
Paso las horas contemplando su labor, fascinado como quien observa el desove de algún animal fabuloso, pero si esto sigue así el laboratorio pronto estará atiborrado de cofrecitos.
Lo guardaré todo en el depósito.

Carta a un explorador 5/5:

Notas de proyecto n.º 4  

27/30/29  
Producto entregado. Mediante un ojo mecánico que he disimulado en el cofre, observo la batalla.
Se trata de un dragón de tamaño verdaderamente increíble.
Los golpes de mi creación le alcanzan sin duda, pero no parece que le hagan efecto alguno.  
¿Cuánto tiempo le llevará a mi artilugio, me pregunto, crecer lo suficiente como para hacer mella en semejante rival?  

27/31/01  
He recibido una queja: “¡¿Qué clase de arma es esa, que huye en medio de la batalla?!”.  
He tratado de explicarme, pero solo he logrado enfadar más a mi cliente y de rojo carmesí ponerle la cara, hasta que he perdido la esperanza de hacerle entrar en razón. ¡Al diablo con él! He dejado su mansión, pero no sin antes liberar en un rincón de su bien provista bodega una joven madre, que espero le dé una sorpresa dentro de un par de años.  

27/31/05  
Me pregunto adónde habrá ido a parar la v. XII… Tanto el ojo mecánico como su transmisor fueron destruidos en el combate.
Supongo que habrá encontrado un lugar rico en niebla con la que alimentar su afán de continuo crecimiento.  

(No hay más anotaciones).

Garif


Categoría: Humanoide | Tipo: Garif

Apuntes:

Humanoides de gran tamaño y desarrollada musculatura, cuya piel está cubierta de un denso pelaje.  

Viven en contacto íntimo con la naturaleza y suelen llevar sobrios adornos de hueso o piedra.  

Mención especial merecen sus máscaras: cada garif posee la suya propia y la lleva puesta todos los días de su vida.  

Los garif tienen una tradicional devoción por la magicita y poseen conocimientos sobre ella que las demás razas ignoran por completo.

El juego del dragón 1/5:

Aunque los dragones son las criaturas más temidas del universo, poco se sabe de su historia y sus hábitos, aparte de lo mencionado en antiguos escritos sobre su relación de servidumbre a los dioses.  

La fábula que aquí recojo trata, justamente, de un dios y un dragón. Recordará el lector la noticia del descubrimiento de una antigua losa grabada; su texto sugiere que este relato quizá no se aparte de los hechos tanto como el sentido común nos induciría a pensar.  

P. Lecluse, exégeta de cuentos


El juego del dragón 2/5:

En tiempos remotos, un dragón que había nacido con una fuerza mayor que los mismos dioses llegó a creerse superior a su creador.  

Fue a verle un día y le dijo: “Soy más fuerte que tú, Dios”.

“Muy bien”, contestó el dios con una sonrisa en los labios, “jugaremos un juego y pronto sabremos cuál de los dos es el mejor”.  

Así comenzó el juego del dragón.

El juego del dragón 3/5:

El dios y el dragón decidieron medirse en tres pruebas para zanjar el debate.  

“Mira aquella montaña”, dijo el dios. “¿Puedes traérmela aquí?”.

“Nada más fácil”, contestó el dragón, y en un abrir y cerrar de ojos la montaña estaba a los pies del dios.  

“¡Ahora es tu turno!”, bramó el dragón, desafiante.  

El dios contestó: “Mi fuerza no alcanza para mover una montaña. Tú ganas”. Así fue como el dragón triunfó en la primera prueba.

El juego del dragón 4/5:

La siguiente fue también una prueba de fuerza.

“¿Ves aquella roca?”, preguntó el dios. “Es de la piedra más dura que existe en el universo. Puedes perforarla?”.

“Nada más fácil”, contestó el dragón, y en menos que canta un gallo la roca estaba atravesada por un gran agujero.

“¡Ahora es tu turno!”, bramó el dragón, insolente.

El dios contestó: “Mi fuerza no alcanza para penetrar la roca. Tú ganas”. Así fue como el dragón triunfó también en la segunda prueba.

El juego del dragón 5/5:

La última fue también una prueba de fuerza.

“He aquí un aro mágico”, dijo el dios. “¿Podrás pasar a través de él?”.

“Nada más fácil”, contestó el dragón, y en un santiamén su cabeza estaba al otro lado del aro. Pero hete aquí que el aro era demasiado estrecho para el resto del pobre dragón, que ahí quedó con el aro ceñido a medio cuerpo.

“¡Me has engañado!”, bramó el dragón, a lo que, sonriente, contestó el dios: “Es que soy más listo que tú”.

Así fue como el dios triunfó en la última prueba.

Y de esta manera los dragones reconocieron, para siempre, la supremacía de los dioses.

Bak-namu


Categoría: Humanoide | Tipo: Bak-namu

Apuntes:

Raza humanoide muy similar a los humes, salvo por los pequeños cuernos que adornan su cabeza.

Son diminutos, y aun en la adultez llegan tan solo a la estatura de un niño hume.  

El oxígeno de la atmósfera es para ellos un veneno mortal, y deben utilizar máscaras especiales para respirar.  

Muchos bak-namus viven en la pobreza y, por su frecuente participación en actividades delictivas, se ven expuestos a una notoria discriminación.

El lobo del bosque 1/5:

Hay en este mundo seres que no han nacido para vivir en mutua armonía, no importa cuán cerca los haya puesto el uno del otro el destino.  

El desconocimiento de esta verdad indisputable llevó a un hombre a actuar de manera insensata; lo que hizo conmovió a su mundo, pero solo logró precipitar un fin que era inevitable. Un fin que estaba escrito en las estrellas…

Amata, filósofo


El lobo del bosque 2/5:

Entre el mar y la montaña una pequeña aldea se encontraba.

Reinaba en ella la calma y abundantes eran las cosechas, pero un temor ensombrecía el corazón de los pobladores: el enorme lobo que vivía en el bosque cercano.  

Nadie sabía cuándo había llegado la bestia, pero todos habían oído y habían temblado al oír sus pavorosos aullidos.  

Sin embargo, no intentaba el lobo atemorizar a la gente; al contrario, quería acercarse a ella y hacer amigos. Cuando aullaba, aullaba de tristeza.

El lobo del bosque 3/5:

Un cazador de la aldea, al ver al lobo y saber de sus cuitas, decidió ayudarle.  

“Lobo”, le dijo, “¿sabes por qué te teme la gente? Es por ese aspecto tan amenazante que tienes”.  

Entonces el lobo le preguntó qué podía hacer para repararlo, y el cazador le contestó: “Echaré sobre ti un hechizo que te dará la apariencia de un hombre”.  

Apenas había terminado de decir estas palabras cuando el animal se vio convertido en humano.

Agradeciole el gesto al cazador, quien, antes de partir, le advirtió: “Recuerda que solo tu aspecto es el de un hombre. No trates jamás de hablar, porque sigues siendo un lobo”.

El lobo del bosque 4/5:

El lobo hecho hombre dejó el bosque y se dirigió a la aldea. El solo pensamiento de que ahora podría tener amigos ponía en su rostro una diáfana sonrisa. Siendo un extraño en la aldea, mirábanle al principio con recelo los transeúntes, pero su sonrisa terminó ganándose la confianza y la amistad de todos. El lobo se sintió conmovido por las afables sonrisas que la gente le prodigaba, acostumbrado como estaba a recibir solo miradas de miedo y de odio.  

El tiempo vuela cuando es placentero, y pronto comenzó a anochecer.

El lobo del bosque 5/5:

El lobo regresó al bosque, y ya no era hombre sino lobo, por dentro y por fuera. Ahora podía abrir la boca, pero no aulló esa noche; se durmió agradeciendo al cazador el día de felicidad que le había regalado.  

El cazador vio al lobo, y le complació verle feliz.  

Entre el mar y la montaña una pequeña aldea se encontraba.

Reinaba en ella la calma y abundantes eran las cosechas; un temor había ensombrecido en el pasado el corazón de los pobladores, pero ya se había desvanecido.  

En las calles, la gente cantaba coplas de alabanza al valiente cazador. Día y noche y día tras día las entonaron sin cesar.

Hasta que vieron aquella horda de lobos voraces trotando hacia la aldea.

Bangaa


Categoría: Humanoide | Tipo: Bangaa

Apuntes:

Raza humanoide con el cuerpo cubierto de escamas, que se caracteriza por sus peculiares orejas caídas. Su inteligencia y sus costumbres se asemejan a las de los humes, y es la raza que mejor se ha adaptado a la sociedad hume.  

Los bangaas son ágiles, fuertes y pueden llegar a vivir hasta el doble que los humes.  

Cabe subrayar que el apelativo “lagarto” constituye un grave insulto para los bangaas, pues hiere profundamente su orgullo étnico.

Manuscrito anónimo 1/5:

Era un día de sol cuando mi compañero y yo, tras un largo viaje, llegamos a Nabudis.  

Esta ciudad, bella y acogedora, era exactamente lo que estábamos buscando.  

Con los ahorros que habíamos podido reunir conseguimos techo, y enseguida nos pusimos a buscar trabajo.  

Pronto estábamos haciendo de todo, desde modestos recados hasta misiones de riesgo mortal, y nos sentíamos satisfechos.  

Recuerdo ahora aquellos días y pienso que fueron, quizá, los más felices de mi vida.

Manuscrito anónimo 2/5:

Ningún trabajo despreciábamos, y así fue como llegamos a ganar lo suficiente para tener una buena vida. Nuestro hogar comenzó a poblarse de cosas, y al poco tiempo estábamos tan arraigados en Nabudis que no podíamos imaginar nuestra vida en ningún otro lugar.  

Mi compañero era también mi socio en el trabajo, pero poco a poco nos fuimos distanciando al sentir la necesidad de tener más tiempo para nosotros mismos.  

No obstante, éramos felices, y pensábamos que esa vida continuaría para siempre.

Manuscrito anónimo 3/5:

Varios años después de mudarnos a Nabudis, el castillo comenzó a reclutar soldados.  

Nuestra labor no había pasado desapercibida, y las citaciones nos llegaron con nombre y apellido.

Aunque no éramos nativos de Nabudis, le habíamos tomado mucho cariño a la ciudad y no dudamos ni un instante en aceptar el deber. Mi compañero fue asignado a la defensa de la ciudad, y yo a una unidad expedicionaria.

En la víspera de mi partida, cominos una cena opípara y bebimos el mejor vino que nos podíamos permitir.  

Como si supiéramos que esa sería nuestra última noche juntos.

Manuscrito anónimo 4/5:

Los días de expedición fueron arduos, pero cumplí con mi deber y solo faltaba volver a casa sin contratiempos.  

Entonces, vi a mi compañero en sueños, tal como estaba en el momento de nuestra separación.

Trataba de decirme algo, pero yo no podía oírle. Desperté con los ojos llenos de lágrimas; quizá había estado demasiado tiempo lejos de casa.  

Nuestra unidad expedicionaria emprendió la marcha de regreso; íbamos eufóricos pensando en que pronto pisaríamos nuevamente el suelo de Nabudis.

Manuscrito anónimo 5/5:

En Nabudis no nos aguardaba una calurosa bienvenida, sino la desesperación más profunda.

Las bellas calles, las familias en ansiosa espera de sus héroes, todo había desaparecido. Solo había allí una tierra desolada, poblada de ruinas. Poco después vimos a la gente de Nabudis, o a lo que se había hecho de ella: muertos vivientes que atacaban indiscriminadamente a los vivos.

Con lágrimas en los ojos, tuvimos que defendernos lo mejor que pudimos.  

Entonces, entre los muertos, le vi. Y ya no pude luchar más.

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