13 noviembre, 2019
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Final Fantasy XIII – Base de datos – Crónica

¡Rememora la historia de Final Fantasy XIII con la crónica que encontramos en el propio juego!
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Final Fantasy XIII 13 | Base Avalancha | baseavalancha.com

Insurrección

Lightning y Sazh viajan a bordo de un tren de deportados, gente repentinamente privada de su paz y sumida en la desesperación… Pero Lightning tiene un objetivo y decide enfrentarse al destino que les aguarda.
Aprovechando un pequeño descuido, tumba a los soldados del convoy.

Motivados por el valor de la joven, Sazh y el resto de civiles se alzan en armas.
Tras zafarse del encarnizado ataque del ejército, el tren llega al Despeñadero, iluminado por el fuego de los disparos. Sazh trata de descubrir las verdaderas intenciones de Lightning, pero ella se resiste a confiarle más de la cuenta.

Sin vacilar, se arroja a la batalla… ¿Qué será lo que anda persiguiendo?

Carrera por el campo de batalla

La Purga… Multitud de civiles, despojados de sus pacíficas vidas, son forzados a exiliarse al terrible Inframundo. El miedo de los ciudadanos a Paals les conduce a rebelarse.

El alzamiento arranca en el interior del tren de la Purga, donde Lightning abate a los soldados que viajan con los deportados. El Despeñadero, lugar de destino del convoy, se ha convertido en un infierno. El ejército, responsable de la Purga, ataca sin piedad a los ciudadanos.

Lightning, acompañada por Sazh, atraviesa el campo de batalla impulsada por un designio oculto.

Que los soldados hayan arrasado el camino que han de seguir, reduciéndolo a un cúmulo de cascotes, no los hará detenerse.

La otra insurrección

Los ciudadanos que conforman la pacífica sociedad del Nido temen en grado extremo una invasión de Paals, la enigmática tierra plagada de amenazas que se extiende bajo ellos. Bastaría con que apareciera un único ser de Paals en el interior del Nido para intranquilizar a las masas y generar revueltas, poniendo en peligro la estabilidad social.

Por este motivo el Gobierno del Nido, el Sanctum, ha puesto en marcha la Purga, un programa dirigido a expulsar a todos aquellos bajo sospecha de estar contaminados por Paals.

Sin embargo, los soldados encargados de velar por su cumplimiento acaban atacando indiscriminadamente a los deportados.

¿Es el objetivo de la Purga el asesinato masivo, y no el destierro? Snow, consciente de la situación, se alza para defender al pueblo. Al frente de NORA, una banda de jóvenes que luchan por la libertad, desafía al ejército del Sanctum.

Combatir por el ayer

La Purga fue ideada para exiliar a quienes pudiesen alterar la paz del Nido. Con esta medida se preservaría la estabilidad social.

Sin embargo, era una masacre camuflada de migración. El Sanctum, Gobierno del Nido, buscaba a todas luces el exterminio de los deportados. Pero la desesperación general no afectó a los miembros de NORA, capitaneados por Snow. A pesar de ser pocos, los jóvenes deciden plantar cara a PSICOM, el comando especial del Sanctum.

Los ciudadanos, alentados por la valentía de NORA, recuperan la fe en sí mismos. La batalla por regresar a la cotidianidad ha comenzado.

Entre los civiles que se lanzan al combate hay una madre que, pistola en mano, busca devolver la libertad a su hijo.

Muerte de una madre

Los ciudadanos del Nido, a pesar de la seguridad que les brinda su sociedad, temen una invasión de Paals, la tierra que se extiende más allá de sus muros. Incluso los nativos del Nido que han entrado en contacto con seres de Paals son repudiados y se los considera enemigos de la sociedad.

Por tal motivo el Sanctum, Gobierno del Nido, ha puesto en vigor la Purga, una migración impuesta a todos aquellos que Paals haya podido emponzoñar. El destino de los exiliados es, precisamente, el Inframundo.

Sin embargo, PSICOM ataca sin piedad a los ciudadanos que supuestamente iban a abandonar el Nido. Estos, acorralados, se enfrentan al ejército con Snow a la cabeza de la rebelión.

Una madre se une a los insurrectos con tal de proteger a su hijo, pero pierde la vida defendiendo a Snow. Testigo de la muerte de su madre, Hope queda paralizado por el horror…

Mi objetivo es el fal’Cie

Un cuerpo ominoso surca los aires del Despeñadero. Se trata del Vestigio donde mora un fal’Cie de Paals, descubierto un par de días antes dentro del Nido. Había pasado siglos aletargado en las afueras de cierta ciudad, lejos de los ojos de la gente.

El Sanctum sentencia a la Purga a todos los habitantes de la zona tras considerar un posible contagio general debido a los efluvios del fal’Cie, al que también se expulsará del Nido.

El fal’Cie de Paals es, precisamente, el origen de la tragedia. Tras él parten Lightning y Sazh, cada cual con sus propias intenciones.

Por otra parte Snow, sobre cuya conciencia pesa la muerte de los compañeros que lucharon a su lado, recupera los ánimos alentado por Gadot. Cerca del fal’Cie hay una chica a la que debe rescatar.

Hacia el Vestigio de Paals

Snow se sentía culpable. La lucha contra el Sanctum, que él había dirigido, se había cobrado demasiadas vidas. Vidas que no pudo proteger.

Lo que más le hacía sufrir era la muerte de una madre cuyo nombre desconocía. La mujer había combatido para proteger a su hijo, pero acabó dando su vida por Snow. Antes de morir le confió al chico, pero no le dijo de quién se trataba.

A pesar de todo, el apoyo de sus compañeros sirvió para despejar las dudas que Snow albergaba. Aunque no supiera en concreto a quién proteger, bastaría con ocuparse de la seguridad de todos.

Tras comprobar que la batalla se ha apaciguado y que los niños están a salvo, Snow los confía a sus amigos y abandona el lugar. Su prometida es cautiva del fal’Cie.

Hope mira colérico a Snow mientras este se marcha. Por él murió su madre.

Destinos entrelazados

El día en que se descubrió al fal’Cie de Paals terminó la paz en el Nido. El fal’Cie había permanecido, sin nadie saberlo, aletargado en las afueras de cierta ciudad.

El Sanctum dio por contagiados a todos sus habitantes y trató de hacerlos desaparecer junto con el foco de la infección. A los detenidos les esperaba un ataque indiscriminado por parte de las fuerzas del Sanctum.

La resistencia de la gente, en defensa de su vida, está siendo trágicamente pulverizada.

Varias personas atraviesan corriendo el campo de batalla, convertido ya en un infierno. Se trata, por un lado, de la ex soldado Lightning y de Sazh, que la sigue afanosamente a todas partes. Snow se dirige a salvar a su prometida, y Hope, en cuyos ojos relampaguea el odio, le persigue con la ayuda de Vanille. El chico le considera responsable de la muerte de su madre.

Las expectativas y motivaciones de cada uno de ellos son diferentes, pero su destino es el mismo: el fal’Cie de Paals.

Tras la pista de Snow

Hope estaba inquieto. Obsesionado con perseguir a Snow, se adentra en el Vestigio donde reposa al fal’Cie. Cuando recuerda su aversión al ente de Paals ya es demasiado tarde. Sabe que este le puede convertir en lu’Cie, un ser maldito, utilizando su poder mágico.

Los lu’Cie son esclavos de los fal’Cie, blancos del odio y el desprecio de los habitantes del Nido.

Sin embargo, la chica que acompaña a Hope, Vanille, no muestra signos de temor al fal’Cie. Su inexplicable buen humor desconcierta a Hope, quien a pesar de sus miedos comienza a buscar a Snow.

La madre del joven había luchado en respuesta a la llamada de Snow y perdió la vida tratando de defenderlo.

Snow debía responder por aquello.

Terror a los fal’Cie

Para los habitantes del Nido, Paals es un mundo terrible equiparable al averno, y sus fal’Cie son invasores infernales. En consecuencia, cuando se descubrió un fal’Cie de Paals en el interior del Nido, las autoridades procedieron de inmediato con la Purga.

El fal’Cie no sería el único expulsado del Nido. Toda la gente que vivía cerca del lugar en donde apareció la criatura fue también exiliada, pues se temía un contagio mágico mediante el cual el ente podría haberlos convertido en enemigos del Nido.

Hope, cegado por la ira, persigue a Snow para hacerle asumir la responsabilidad de la muerte de su madre. Pero cae en la cuenta de que, si se queda cerca del fal’Cie durante demasiado tiempo, puede acabar en el Inframundo con él. Vanille acepta con naturalidad la situación y ayuda a Hope a superar sus temores.

Mientras tanto, Snow trata de adentrarse en lo que parecen ser las ruinas de un extraño templo. Su prometida Serah, retenida por el fal’Cie, espera su llegada.

La puerta se abre

El fal’Cie, enemigo del Nido, tiene prisionera a la prometida de Snow, Serah. Mientras Snow se esfuerza por encontrarla, Lightning y Sazh consiguen acercarse al fal’Cie después de librarse de los ataques de PSICOM.

Tan solo los separa de su objetivo una puerta firmemente cerrada. Lightning susurra unas misteriosas palabras de disculpa y la puerta, como si las hubiese aceptado, se abre.

¿Acaso el fal’Cie comprendió el pesar de Lightning? ¿O es que la puerta cedió respondiendo a otra voluntad?

Lightning echa a caminar sin mediar palabra y Sazh la sigue hacia el interior del Vestigio. Él también está ahí por algo que no puede contar.

La sombra de los lu’Cie

Armas automatizadas deambulan por el Vestigio. Pertenecen al destacamento de exploración de PSICOM que dos días antes descubrió al fal’Cie y que ha quedado encerrado en su interior. Sin embargo, tanto Lightning como Sazh saben que no es a las armas a lo que deben temer. El verdadero peligro es el fal’Cie que acecha en lo profundo del Vestigio. Los lu’Cie de Paals, humanos convertidos en vasallos de la criatura, son vistos como odiosos enemigos de la paz.

Los ciudadanos residentes en las cercanías del fal’Cie fueron forzados a abandonar el Nido. Se sospechaba que padecían la maldición del ente, transmitida por medios mágicos.

La voz de Snow llega a oídos de Hope, quien continúa vagando por el Vestigio aterrado por la idea de que puedan convertirle en lu’Cie.

El chico se ha propuesto encarar a Snow y obligarle a cargar con las culpas de la muerte de su madre, pero cuando llega su oportunidad, el miedo de enfrentarse a la realidad resulta ser más fuerte que su odio.

Al rescate de una lu’Cie

Los lu’Cie de Paals son almas condenadas a portar la destrucción, manipuladas por un temible poder mágico.

Snow le cuenta a Hope que su objetivo es rescatar a su prometida, ahora convertida en lu’Cie, y el joven monta en cólera. Por mucho que sea su futura esposa, le resulta inadmisible rescatar a un enemigo del Nido.

Hope detesta a Snow por haber involucrado a su madre en la batalla que le costó la vida, pero aún no se lo ha hecho saber. Snow sigue sin percatarse del odio del que es objeto y trata de proteger a Vanille y al muchacho.

Mientras tanto, Sazh describe el destino de los lu’Cie. Cuando no consiguen cumplir la Misión del fal’Cie que los ha esclavizado de por vida, se convierten en unas horrendas criaturas llamadas Cie’th.

Sazh afirma que no hay modo de salvarlos, por lo que Lightning la toma con él. La joven es consciente del futuro que aguarda a los lu’Cie, pero aun así hay uno al que tiene que rescatar a cualquier precio: su propia hermana.

La eternidad en sus manos

Cuentan las leyendas del Nido que los lu’Cie se convierten en cristal y obtienen la vida eterna si cumplen con su Misión. Serah, hermana de Lightning y prometida de Snow, da credibilidad al mito transformándose en cristal, pero… ¿qué debe entenderse por “eternidad”? ¿Qué clase de Misión ha llevado a cabo Serah?…

Nadie tiene las respuestas.

Cristalización y eternidad son conceptos que, para Lightning, no difieren del de la muerte. La pérdida de su hermana le provoca tristeza y una ira que trata de desahogar dirigiéndola a Snow.

Al contrario que la ex soldado, Snow no pierde la esperanza de vivir junto a Serah cuando ella despierte en el futuro.

Finalmente, el ejército del Sanctum lanza su ataque en masa contra el Vestigio. El grupo avanza hacia el interior, donde parece estar esperándole la muerte junto el fal’Cie.

Snow busca convencer al ente para que libere a Serah, pero… ¿qué es lo que pretenden Lightning y Sazh?

Aniquilación del fal’Cie

Snow trata de convencer por todos los medios al fal’Cie para que deje en libertad a Serah, sin importarle lo que pueda pasarle a él mismo.

El fal’Cie, sin embargo, no da señales de estar escuchando. Lightning y Sazh apuntan con sus armas al ente, el cual se mantiene impasible ante la petición de Snow. Ambos saben que en breve la criatura será liquidada por el Sanctum, pero tienen sus motivos para querer acabar con ella personalmente.

Tras derrotar al fal’Cie, el Vestigio se desploma sobre el Lago Bresha.

Las olas levantadas por el impacto son cristalizadas por el grito agónico de la criatura, pero Lightning y los demás no están ahí para verlo.

El grupo, en el mismo instante en que abate al fal’Cie, es arrastrado a una brecha espaciotemporal donde entra en contacto con una extraña entidad. Es entonces cuando “aquello” graba en su piel la Marca maldita. En sus ojos se proyecta la imagen de una bestia que asuela el Nido.

Lightning y el grupo son arrastrados por un poder que escapa al conocimiento humano. Un vacío tenebroso les engulle.

Snow recupera un recuerdo mientras vaga por la oscuridad…

Destino maldito

Lightning odiaba al fal’Cie, quien le había arrebatado a su hermana tras convertirla en lu’Cie. Fue él también el causante de la tragedia de la Purga. Para hacer realidad el deseo de Serah de proteger el Nido, pronunciado antes de convertirse en cristal, era necesario eliminar a aquel ser.

El fal’Cie, desbocado, desata su furia sobre el grupo. Sazh desenfunda sus pistolas sin miedo de lo que pudiera pasarle y Snow lucha con resolución para proteger al resto.

Nada más derrotar a la criatura, un destello atraviesa los cielos. Lightning y los demás caen en un caos espaciotemporal. Allí les maldice una ominosa figura.

Marcados con un misterioso sello, contemplan una ilusión en la que una bestia repulsiva destroza el Nido.

El ataque masivo del ejército del Sanctum hace que el Vestigio se venga abajo. Snow recupera un recuerdo de su evanescente conciencia: tan solo dos días antes, bajo un cielo nocturno iluminado por los fuegos artificiales, había intercambiado promesas de amor eterno con Serah.

¿Se había convertido aquello en un sueño vano, en un futuro imposible de alcanzar?

La Marca de los lu’Cie

El grupo, arrastrado por la caída del fal’Cie, recobra el conocimiento en el Lago Bresha, el cual se extiende debajo mismo del Despeñadero. Sus aguas, quizás bajo el efecto de la magia del fal’Cie moribundo, han quedado cristalizadas.

Snow y los demás han sobrevivido a una caída desde una pavorosa altura, pero no tienen tiempo de alegrarse de ello. En sus cuerpos ha aparecido una marca de extraño aspecto; la prueba de que se han convertido en lu’Cie de Paals, seres detestados capaces de utilizar magia por haber sufrido la maldición de un fal’Cie.

Se supone que a todo lu’Cie se le confía una Misión, pero nadie del grupo sabe a ciencia cierta qué es lo que deben hacer. La única pista con la que cuentan es la visión que tuvieron, la cual mostraba a la bestia Ragnarok atacando el Nido.

El grupo no es muy optimista acerca de lo que el futuro tiene reservado para ellos. Snow es el único que mira hacia adelante. Fiel al deseo de Serah y convencido de que su Misión no es otra que la de proteger al Nido, avanza sin vacilar.

La Misión ensoñada

¿Cuál es la Misión que deben cumplir Lightning y los demás ahora que son lu’Cie de Paals? Nadie tiene la respuesta. Lo único seguro es que se trata de algo relacionado con Ragnarok, la bestia que atacaba al Nido en la visión que se les ha revelado.

Snow afirma que la Misión del grupo es derrotar a esa criatura y proteger el Nido con su nuevo poder, pero hay algo que falla en su razonamiento. Los seres de Paals son enemigos del Nido. Es imposible que uno de ellos les haya encomendado su protección.

Lightning termina irritándose ante el empecinamiento de Snow con su teoría. El fal’Cie no solo la convirtió en lu’Cie; también le arrebató a su hermana. No hay argumento que la convenza de que debe cumplir con su voluntad.

Que Snow se preste a obedecer sus órdenes le molesta, pero no hay tiempo para ponerse a discutir. El ejército del Sanctum vuelve a la carga y lo único que se puede hacer es escapar para continuar con vida; ya se llegará a una conclusión en otro momento.

Resolución y despedida

¿Está dormida… o reposa para siempre? Serah, convertida en estatua, yace sepultada bajo otros cristales.

A ser posible no convendría separarse de ella, pero aún así, Lightning revela sus intenciones de dejarla allí. El ejército se acerca cada vez más; si cargan con Serah, no podrán llegar muy lejos. Es una decisión dura de tomar.

Snow es incapaz de abandonar a Serah y comunica al grupo que se quedará para protegerla y cumplir con su deseo de defender el Nido.

Lightning y los demás se marchan en silencio, comprendiendo que la decisión de Snow es inquebrantable. De este modo, el destino de los lu’Cie queda dividido.

Hope se pone a caminar, vacilante. Ha tenido incontables oportunidades, pero al final no ha podido decirle a Snow lo que quería: “Mi madre murió por tu culpa”.

PSICOM acosa

Snow se queda al lado de Serah. Lightning y los demás atraviesan el Lago Bresha sin mayores dificultades, hasta que divisan un batallón del ejército del Sanctum.

Tal era el odio y el miedo que provocaba Paals en la sociedad del Nido que el Sanctum, con objeto de exterminar a los supervivientes de la Purga, había apostado en la zona una cantidad desproporcionada de soldados. Cualquier persona, por mínima que fuera su relación con Paals, tenía negado el derecho a vivir.

Esa misma repulsa fue la que dio lugar a la Purga. El miedo extremo al Inframundo hizo que los habitantes del Nido aceptaran la expulsión de toda una ciudad por el mero hecho de estar próxima al fal’Cie de Paals. Respaldados por las masas amedrentadas, los dirigentes del Sanctum dieron comienzo a la Purga. Contaban con el consentimiento de su guía supremo, el fal’Cie Edén.

Las garras de PSICOM se cierran en torno a Lightning y los demás. Tras ellas les espera la hostilidad de un mundo entero temeroso del Inframundo.

Huida rumbo a los cielos

Lightning y su grupo sufrieron la maldición de un fal’Cie y fueron convertidos en lu’Cie. Ahora, si no cumplen con su Misión, acabarán transformados en Cie’th, horrendas criaturas sin alma.

Sin embargo, nadie sabe cuál es su Misión. La única pista con la que cuentan es aquella visión en la que Ragnarok devastaba el Nido. Si la leyenda fuese cierta, los lu’Cie de Paals deberían ser enemigos del Nido.

¿Acaso les han encomendado la aniquilación del mundo flotante?

Snow ve las cosas de otra manera.

Su prometida Serah, también lu’Cie, transmitió su deseo de proteger el Nido. Snow cree que esa es la Misión de todos, pero su idea carece de lógica. La falta de comprensión mutua crea en el grupo una brecha que crece más y más.

PSICOM les está dando alcance.

Lightning y los demás atraviesan durante su huida las ruinas de una ciudad destruida en la guerra que Paals y el Nido libraron siglos atrás.

El azar quiere que descubran un barco volador con el que abandonar la zona.
En otro lugar, alejado del resto, Snow continúa haciendo compañía a Serah…

Shiva, las gemelas eidolón

Snow no tenía duda alguna. A pesar de ser un lu’Cie de Paals, no era ningún enemigo del Nido. Las palabras pronunciadas por Serah antes de convertirse en cristal le habían convencido de que su Misión era derrotar a Ragnarok y proteger el Nido.

Separado del resto del grupo, Snow se queda junto a la estatua de cristal de su prometida. Las tropas de PSICOM le arrinconan y se le echan encima. Cuando ya no puede oponer más resistencia, sucede algo increíble: aparecen las gemelas Shiva, sonriendo burlonamente al exhausto Snow.

Tras deshacerse de los soldados, se abalanzan sobre él.

Snow recobra fuerzas y vence a las gemelas, pero es apresado por un grupo de soldados de identidad desconocida. Con ellos viene una misteriosa mujer que también es lu’Cie.

Mientras tanto, Lightning y los demás huyen en barco volador, pero no consiguen deshacerse de sus perseguidores. Finalmente los alcanza el fuego enemigo. El barco volador comienza a caer…

Cuánta razón tenía, teniente

El barco volador en el que los lu’Cie escaparon del Lago Bresha ha sido blanco del fuego enemigo y debe realizar un aterrizaje forzoso en las Cumbres Infames. Lightning prevé un nuevo ataque de sus perseguidores y reanuda la huida con premura. Hope marcha tras ella.

Sazh, por su parte, cae en el pesimismo. No cree que el ejército les vaya a dar tregua y, aunque lo hiciera, de no cumplir con una Misión de la que siguen sin tener ni idea, acabarán convertidos en Cie’th.

La situación es desesperante, pero Sazh, incapaz de abandonar a Vanille, comienza a arrastrar sus cansados pies.

Lightning, levantando la vista hacia el cielo nocturno, recuerda al teniente Amodar, su jefe en el ejército. Cuando la joven mencionó el Inframundo, él le recomendó no meterse en asuntos de Paals ni de PSICOM. Lightning no siguió su consejo. Bien era cierto que su hermana, convertida en esclava del fal’Cie, le había dado un motivo para enfrentarse a la criatura…, pero que ahora ella también fuese lu’Cie era consecuencia de desoír la advertencia de Amodar.

La ira arde en el pecho de Lightning. Una ira que dirige hacia sí misma, que huye dejándose arrastrar por su cruel destino de lu’Cie.

Voluntaria para la Purga

Lightning sabía que el fal’Cie tenía cautiva a su hermana. El Sanctum anunció que lo sacarían del Nido junto con los deportados en la Purga.

Lightning llegó a la conclusión de que, para llegar a Serah y rescatarla antes de que eso sucediese, tenía que subir al tren de la Purga. Conocía el riesgo que entrañaba su decisión, pero no tenía otra alternativa.

Hope, al escuchar el relato de Lightning, se da cuenta de cuánto lo separa de ella. Incluso cuando la situación lo requiere, el muchacho carece de la fuerza necesaria para enfrentarse al peligro.

Desconcertado e incapaz de continuar, Hope cae rendido.

Mientras tanto, Vanille y Sazh, que han tomado otra ruta, atraviesan momentos difíciles.

Al igual que Lightning, Sazh se unió voluntariamente al plan de destierro con un objetivo en mente. Ahora huye quejándose a casa paso, como si hubiera olvidado su decisión.

La mala estrella de Hope

Hope vivía en Palumpolum, una ciudad comercial que no estaba incluida en los planes de la Purga. Pero tuvo la mala suerte de estar en Bodhum con su madre el día en que el Sanctum anunció las medidas de destierro masivo.

Hope pierde a su madre durante la batalla del Despeñadero. Luego, sin saber qué le está ocurriendo, entra en contacto con un fal’Cie de Paals y se convierte en lu’Cie.

Hope maldice su suerte, que ha hecho de él un juguete del destino. Maldice también al Sanctum, al fal’Cie de Paals y al ejército que los acosa. Pero sobre todo odia a Snow, que hizo luchar a su madre y la dejó morir.

Sazh, tras escuchar la historia de Hope, piensa en llevarlo con su padre. El chico no parece entusiasmado con la idea, pero Sazh se resiste a abandonarla; él sabe lo que siente un padre.

Despojos de Paals

La Guerra de Oclusión… La batalla entre Paals y el Nido. Los enormes restos que se alzan hacia el cielo nocturno son barcos voladores del Inframundo derribados siglos atrás durante ese conflicto.

Los invasores de Paals se encontraron con la firme defensa de los fal’Cie del Sanctum. El ataque fue repelido pero logró dañar el Nido. Los fal’Cie tomaron entonces desperdicios del Inframundo para dar forma a nuevas tierras.

Los relatos sobre el horror de la guerra han hecho perdurar el miedo a Paals entre los habitantes del Nido.

La amenaza de Paals aún persiste.

Soldados mecánicos de Paals, que llegaron mezclados entre la chatarra, pululan por el Nido y son capaces de reparar por sí mismos sus piezas en mal estado. El ejército no da abasto para acabar con ellos. El fal’Cie de Bodhum también llegó al Nido junto con desechos del Inframundo y permaneció enterrado durante siglos.

Paals acecha desde la oscuridad. Sazh avanza temerosamente sin perder de vista a Vanille y Hope.

Huida sin esperanza

Lightning habla lo mínimo, pero Sazh puede sentir su rabia. Su hermana Serah, a quien pretendía salvar aun a costa de abandonar el Nido, se ha transformado en cristal frente a sus ojos.

Convertida además en lu’Cie de Paals y, por consiguiente, en enemiga del Nido y fugitiva de la justicia, Lightning sigue huyendo entre montones de escombros.

Por si fuera poco, los lu’Cie tienen una Misión. Primero debe descubrir de qué se trata y luego cumplirla para evitar convertirse en Cie’th. En el supuesto de que la lleve a cabo, solo podrá aspirar a cristalizarse, al igual que su hermana.

De todas formas, Lightning no puede dejarse llevar por las dudas y detenerse. Si PSICOM le da alcance, acabará con ella. Cualquier camino que escoja la llevará seguramente a la desesperación. Lo mismo le pasa a Sazh.

¿Podrán unir fuerzas para recuperar la esperanza?

Lightning ha tomado una decisión de la que Sazh aún no se ha percatado.

Derrotar al Sanctum

Lightning lo tenía claro. Lo mismo le daba que se tratara del fal’Cie de Paals, responsable de convertir a su hermana en lu’Cie, que del fal’Cie Edén, cabeza visible del ejército que los perseguía insistentemente. Para ella, un fal’Cie no era más que un enemigo, el culpable de arruinar el destino de su hermana y el suyo propio. Un rival al que había que derrotar.

Lightning ha decidido dedicar su vida a este fin. Su plan es llegar hasta la sede del Sanctum y acabar con Edén.

Sabe que es una osadía. Quizá se vea obligada a dañar el Nido, en contra de los deseos de Serah. Si Snow se empeña en proteger el Nido, puede que termine luchando contra él. De todos modos, no estará tranquila hasta que pueda desatar su rabia contra su injusto destino.

Sazh y Vanille se oponen a su idea. Solo Hope, quien odia a Snow, está de acuerdo. Quiere hacerse fuerte luchando. La huida de Lightning ha concluido. Ya no escapa del Sanctum, sino que avanza para derrotarlo… aunque es incapaz de imaginar siquiera el desenlace.

El eidolón Odín

Hope había elegido combatir junto a Lightning, pero no tardó en mostrar claros síntomas de fatiga.

Lightning se puso nerviosa. Su enemigo era el Sanctum, un rival demasiado complicado de batir como para encima tener que cargar con un lastre como Hope. Lightning pierde la calma y arremete contra el poco aplomo del muchacho, a quien pretende dejar en el camino.

En ese momento, su Marca de lu’Cie comienza a arder. De súbito aparece el eidolón Odín, que carga contra Hope como si quisiera deshacerse de todo obstáculo que le saliera al paso. Lightning se mueve de manera espontánea, detiene la hoja de Odín y protege a Hope, a quien había tratado de abandonar segundos antes.

La joven derrota a Odín y se hace con su poder, pero le asalta una duda. ¿Por qué había aparecido el eidolón? No encuentra la respuesta, pero hay algo que sí le queda claro. Ya no siente deseo alguno de continuar su camino sin Hope.

Los temores de Sazh

Sazh y Vanille no comulgaban con los planes de Lightning de enfrentarse al Sanctum, pero tampoco contaban con otra alternativa que no fuera huir sin rumbo fijo. Les preocupaba lo que pudiera haberle pasado a Hope, ahora alejado de ellos.

Pensaban que se habría cansado de combatir y que regresaría a casa, pero también cabía la posibilidad de que no lo hubiera hecho.

Aquello no era lo único que inquietaba a Sazh. Ahora que los habitantes del Nido estaban muy susceptibles con la amenaza del exterior, cualquier altercado provocado por los lu’Cie de Paals podía alborotar el Nido hasta límites insospechados. Incluso el propio Sazh tenía miedo del Inframundo. Y para que el Nido alcanzara la paz, era necesario que muriesen…

Sazh dejó escapar aquellas crueles palabras, pero al instante se arrepintió de haberlas pronunciado. Era consciente de que con ellas hería los sentimientos de Vanille, también lu’Cie. Sin embargo, la muchacha mostró una estoica sonrisa, alentó a Sazh y siguió huyendo a la carrera. Escapar era la única opción que tenían para seguir con vida.

La verdad revelada

Mientras Lightning y los demás deambulaban por las Cumbres Infames, Snow había sido capturado por el ejército en el Lago Bresha y llevado hasta el barco volador Lindblum.

La Brigada Expedicionaria, más conocida como la Caballería, no se responsabiliza de la caza de lu’Cie o la Purga, actividades que corresponden a PSICOM. Está comandada por el general brigadier Raines, quién acata displicentemente los designios de PSICOM y del Sanctum.

El Sanctum planea una ejecución pública de lu’Cie. Liquidarlos bajo la mirada de los ciudadanos del Nido puede poner fin a la intranquilidad que gobierna sus vidas.

¿Son Raines y su caballería peones del Sanctum? La presencia en su grupo de una misteriosa lu’Cie de Paals parece negarlo.

Sin llegar a comprender las verdaderas intenciones de Raines, Snow recibe una paliza. Su lamentable aspecto le evoca una imagen del pasado. La imagen de su patética figura clavada en el suelo, carente de toda fuerza después de conocer una cruel verdad.

La imagen del momento en que supo que Serah era una lu’Cie.

Los sentimientos de los lu’Cie

Si los lu’Cie fuesen máquinas, tratarían de cumplir con la Misión que su fal’Cie les encomendó sin importarles cuál fuera. Pero son humanos. Ningún hombre está dispuesto a someterse a la voluntad de un fal’Cie.

Sazh y Vanille escapan dándose ánimos mutuamente. No saben cuál es su Misión y temen averiguarlo.

Al contrario que los demás, Snow tiene claro que llevará a cabo su Misión. No lo hará por obediencia al fal’Cie, sino por respeto a la voluntad de Serah. Por cumplir con su deseo de proteger las vidas del Nido. Snow está firmemente convencido de que esa es su Misión.

Lightning y Hope toman el camino de la batalla. Buscan liberar su ira contra un mundo lleno de hostilidad y un destino injusto. Su objetivo es entrar en Edén, sede del Sanctum y centro neurálgico del Nido. Para hacerlo deben atravesar una zona custodiada por el ejército.

Cambios en los dos

Lightning se resiste a aceptar un destino impuesto por el fal’Cie. En compañía de Hope, se abre camino por el Bosque de Gapra resuelta a atacar al Sanctum.

Parecen haberse librado de sus perseguidores, pero han llegado a un territorio bajo control militar y deben estar muy alerta. De todos modos, no tienen más remedio que atravesar Gapra para llegar a la sede del Sanctum.

Después de haber estado a punto de abandonar a Hope, la aparición del eidolón Odín le ha hecho replantearse su actitud. Ahora está dispuesta a luchar por el chico.

Lightning no es, sin embargo, la única que ha cambiado. Hope, que hasta ahora dependía enteramente de ella, se presta a marchar en vanguardia. La ex soldado, advirtiendo el coraje reflejado en los ojos de Hope, le deja encabezar la expedición.

Una muestra de confianza

Hope se ofrece a marchar al frente y, guiando los pasos de Lightning, atraviesa al trote el Bosque de Gapra.

El chico anhela hacerse fuerte. Ha seguido el plan de Lightning de enfrentarse al Sanctum para así experimentar la dureza de la batalla y acostumbrarse a ella. No debe sentir miedo. No debe depender de otros. No quiere mostrarse débil, pues eso podría significar el final de su viaje con Lightning. Mentiría si dijera que no le teme a nada, pero reprime su miedo y se esfuerza por actuar con firmeza.

El muchacho, siempre bajo la atenta mirada de Lightning, recibe de ella un cuchillo que le ha de servir de amuleto.

Brecha en la vigilancia

Las patrullas del Cuerpo de Guardabosques, responsables de la vigilancia de Gapra, van pasando de largo una tras otra. Por algún motivo, los soldados parecen estar descuidando el control de la zona.

Lightning, basándose en su experiencia como ex miembro de la Guardia, intuye el porqué. Los soldados aún no saben de la incursión de los lu’Cie. PSICOM, tras fracasar en sus planes de exterminarlos en las Cumbres Infames, está ocultando información para que sus errores no queden al descubierto.

PSICOM, comando especial adscrito al Gobierno, trata con soberbia al resto de los cuerpos militares. Ahora, su orgullo desmedido ha creado una brecha en la red de vigilancia.

Quizás atravesar el bosque y llegar hasta Edén no sea tan difícil. La suerte, que tan esquiva había sido hasta el momento con Lightning y los demás, parece que empieza a sonreírles.

La etimología de NORA

PSICOM parece estar ocultando información, y gracias a ello la vigilancia del Bosque de Gapra no es tan estrecha. Lightning y Hope se toman un respiro y piensan en sus compañeros lu’Cie, quienes han tomado caminos diferentes.

¿Estarán Sazh y Vanille huyendo todavía? ¿Qué habrá sido de Snow?

Hope cae en la cuenta de algo. ¿Por qué el grupo que lideraba Snow se hacía llamar NORA?

Lightning, aunque intrigada por el repentino interés del muchacho, le despeja la duda: “Nada de Obligaciones, Reglas ni Autoridad” forma el acrónimo NORA, representación de la libertad que ansían Snow y su banda. Visto de otra manera, también simboliza un estilo de vida propio de gente irresponsable.

La expresión del rostro de Hope se transforma al oír a Lightning.

Visiblemente irritado, avanza a grandes trancos hacia el interior del portal. Busca algún enemigo contra el que pueda descargar ese odio que le es imposible controlar.

Rencor y pesar

Lightning se entera finalmente de los lazos de culpa y odio que unen a Snow y Hope. La madre del chico perdió la vida en medio de la confusión generada por la Purga. Hope alimenta cada día su odio hacia Snow, al que considera responsable de la muerte de su madre. Acompaña a Lightning en un viaje para derrocar al Sanctum y se fortalece, combate tras combate, con tal de poder saldar cuentas con Snow algún día.

Un cuchillo resplandece en la mano de Hope. Lightning se lo dio para que le guardara del peligro, pero ¿podrá convertirse algún día en el arma que ponga fin a su rencor?

Hope mira fijamente la hoja, escena que evoca en Lightning un recuerdo angustioso del día de su cumpleaños. El día en que Serah le confesó que era una lu’Cie de Paals. Lightning hizo oídos sordos a sus palabras y le habló con crueldad. Cuando se dio cuenta de que lo que decía su hermana era cierto, ya era tarde.

A su lado tan solo quedaba el último regalo de Serah: un cuchillo que simbolizaba el más punzante de sus resquemores.

La Operación Nora

Lightning le levanta la voz a Hope cuando él se apiada de unos soldados que yacen muertos en el suelo. Ese sentimiento no tiene lugar en el camino que han elegido: el de la batalla.

En este camino les esperan incontables enfrentamientos contra el ejército en los que les irá la vida. Apiadarse del enemigo o vacilar puede ser fatal.

Lightning alecciona a Hope con un método que le ayuda a deshacerse de sus dudas: fijar un objetivo que cumplir y no pensar más que en alcanzarlo.

Sus palabras inspiran a Hope para crear la “Operación Nora”, un plan de venganza contra Snow bautizado en honor a su difunta madre.

El chico sabe muy bien que por mucho que se tome la justicia por su mano, su madre no regresará de entre los muertos. Pero ni eso le hace abandonar sus intenciones.

Lightning se percata de su error. Enseñó a Hope a abandonar sus dudas para evitar que el chico muriera arrastrado por ellas. Sin embargo, sus palabras tuvieron el efecto contrario: motivaron al joven a jugarse el tipo en peligrosas batallas.

Presa de los remordimientos, Lightning continúa su recorrido por el Bosque de Gapra.

Dar alas a quien no sabe volar

Vengarse de Snow por la muerte de su madre y jugárselo todo a una carta: esa es la base de la “Operación Nora” de Hope.

Lightning se siente responsable de haber incitado al chico a luchar, pero no consigue transmitírselo. A Hope le sustentan sus ansias de combate. Impedirle pelear sería como robarle su propia energía vital.

Lightning, incapaz de decirle nada, decide suspender sus planes iniciales para acercarse a casa de Hope, en la ciudad de Palumpolum.

Mientras tanto, un angustiado Snow se decide a actuar y une fuerzas con el pelotón del general Raines para capturar a los lu’Cie de Paals. ¿Qué ha cambiado en Snow, quien había jurado defender el Nido?

Por otra parte, Sazh y Vanille han logrado salir por fin de las Cumbres Infames y se aproximan a unas hermosas tierras donde se respira naturaleza.

Huida bajo la fronda

Vanille y Sazh, quienes siguen escapando sin un objetivo claro, divisan barcos voladores del ejército. Todo parece indicar que los militares se están congregando en Palumpolum. ¿Habrán descubierto a Lightning y Hope?

A Sazh le preocupaba, pero también le asustaba ir a salvarlos y vérselas con el ejército.

De todos modos, no podía hacer como si el asunto no fuera con él… Las dudas le consumían.

Vanille, como si leyera su mente, le empuja a actuar y propone seguir con su huida. Con tal de poner la mayor distancia posible entre ellos y el ejército, ponen rumbo a Nautilus.

En la Floresta de Sunleth, Vanille corretea bajo la luz filtrada entre las hojas.

La entereza de Dajh

Vanille y Sazh recorren la Floresta de Sunleth con la intención de alejarse de las fuerzas del Sanctum, reunidas en Palumpolum.

Una pregunta de Vanille hace que Sazh recuerde a Dajh, su hijo.

Una noche, bajo un cielo teñido de fuegos artificiales, Dajh pidió un deseo por su atribulado padre. Conmovido por la entereza del niño, Sazh trató de sonreír y ocultar sus sentimientos, pero en su interior habitaba un profundo dolor. Aquel dolor todavía persigue a Sazh…

¿Qué será lo que tanto le angustia?
¿Y quién sería aquella oficial de PSICOM que los observaba?

La familia lu’Cie

Sazh revela finalmente la tragedia de Dajh, su hijo.

Unos invasores, supuestamente lu’Cie de Paals, atacaron las instalaciones del Barranco de Euride. La casualidad había querido que allí se encontrara Dajh, quien fue elegido por un fal’Cie y acabó bajo custodia del Sanctum.

Dajh era ahora un lu’Cie del Sanctum y por lo tanto un enemigo de su padre, un lu’Cie de Paals.

Había sido dotado con poderes para percibir la presencia de criaturas del Inframundo y se dice que fue él quien descubrió al fal’Cie de Paals enterrado en Bodhum.

No obstante, puesto que no se sabe con certeza cuál es la Misión de Dajh, llegará el día en que acabe convirtiéndose en Cie’th. Por eso Sazh subió al tren de la Purga.

Imaginó que la Misión de su pequeño era destruir al fal’Cie de Paals. Tenía que acabar con él antes de que fuera devuelto a su tierra, y lo haría en nombre de su indefenso hijo. Ahora que ese fal’Cie había desaparecido, ¿se habría convertido Dajh en cristal, al igual que Serah?

De todas formas, el objetivo fijado por la Misión de Dajh quizás no fuese el fal’Cie, sino sus lu’Cie. En ese caso, si Sazh y sus compañeros siguiesen con vida, Dajh se convertiría inevitablemente en Cie’th.

El origen de la tragedia

Unos lu’Cie de Paals se infiltraron en la planta energética de Euride, dando lugar a un incidente en el que se vio involucrado el hijo de Sazh. Ahora él es un lu’Cie del Sanctum.

Las facultades especiales de Dajh le permitieron dar con un fal’Cie enterrado en el Nido. Tal descubrimiento marcó el inicio de la Purga, cuya espiral de violencia se cobró la vida de la madre de Hope.

Lightning y Snow, por su parte, vieron como Serah se transformaba en cristal ante ellos.

El origen del drama que alteró el curso de sus destinos y que conmovió a todo el Nido está en Euride. Si nada de aquello hubiese sucedido, ¿se habría podido evitar la tragedia?

Lamentarse no cambiaría la situación, de todos modos. Sazh y Vanille, actuando como si le diesen la espalda a la dura realidad, se dirigen a la ciudad de ensueño, Nautilus. Sin embargo, negras nubes se ciernen sobre el horizonte de los lu’Cie.

También se avecina una tormenta sobre otra de las grandes ciudades del Nido. Lightning y Hope van de camino a ella.

Ciudad bajo vigilancia

Las fuerzas del Sanctum se han movilizado para eliminar a los lu’Cie y así preservar la paz y la estabilidad del Nido. El comando especial PSICOM ha dejado de lado el orgullo y, a las órdenes del coronel Rosch, organiza batallones regionales y redobla la vigilancia a lo largo y ancho de Palumpolum, la capital del comercio.

Lightning pretendía tomar allí el tren a Edén, pero la presencia de Hope la hace vacilar. Le duele ver al muchacho combatir y arriesgar su vida llevado por el odio, pues fue la misma Lightning la que le motivó a ello.

Hope, por su parte, está impaciente por vengar a su madre. Siente la urgencia de llevar a cabo la Operación Nora, cuyos objetivos son el Sanctum y Snow. Como lu’Cie, esclavo de su Misión, no sabe cuándo le llegará el momento de convertirse en Cie’th. Pero Hope sí sabe cómo evitar cruzarse con el ejército. Lightning sigue al muchacho a través de unos pasajes subterráneos.

Infiltración subterránea

Al mando del coronel Rosch, efectivos de PSICOM y de la Guardia han sido apostados en todos los rincones de Palumpolum para detectar la presencia de lu’Cie. Lightning y Hope utilizan un pasaje subterráneo para entrar en la ciudad sin ser descubiertos. Allí posiblemente encuentren la manera de llegar a Edén, capital y centro neurálgico del Nido.

Hope apremia el paso, ansioso por llevar a cabo la Operación Nora: su venganza contra Snow, responsable de la muerte de su madre, y contra el Sanctum.

A un lu’Cie que no ha cumplido su Misión le espera el destino atroz de convertirse en Cie’th. Nadie sabe cuándo ocurrirá, pero Hope siente que no le queda mucho tiempo. Debe avanzar a ciegas por un camino que quizá no tenga salida.

Lightning se siente responsable de haber empujado a Hope a la senda del peligro. Las palabras con las que intentó devolver al muchacho las ansias de vivir encendieron también su sed de venganza. Por eso siente que su deber es protegerle.

Una lucha sin esperanza

Los pobladores del Nido no son más que mascotas al cuidado de los fal’Cie. Al advertirlo, Lightning comprende también sus propios sentimientos.

Desde la infancia ha vivido protegida por los fal’Cie. Dependía totalmente de ellos, aunque nunca se había detenido a pensarlo. Al convertirse en una lu’Cie de Paals, fue arrancada violentamente de esos brazos que la cuidaban. Se sintió como un niño abandonado y perdió el rumbo en la vida. De pronto, el mundo entero era su enemigo, le habían quitado a Serah y le esperaba un terrible destino.

Lightning cayó en la desesperación. Para no pensar en el futuro se lanzó en cuerpo y alma a la lucha contra el Sanctum. Necesitaba un enemigo que le permitiera escapar de la realidad.

Lo mismo le ocurría a Hope. Mientras avanzaba ciegamente en pos de la venganza, podía olvidar su triste condición. Por eso ahora no es capaz de aceptar el fin de la Operación Nora, aunque lo haya decidido Lightning. ¿Qué otro incentivo le queda para vivir? En el futuro de los dos lu’Cie no se vislumbra la esperanza.

Reencuentro

Lightning conoce el odio que Hope siente por Snow. Aún así, tiene que poner al muchacho en sus manos para que lo rescate del inclemente acoso del ejército del Sanctum.

Ella, entretanto, se lanza contra las filas enemigas para abrirles una vía de escape. Si no ha podido devolver a Hope la esperanza, al menos debe proteger su vida… aunque eso signifique perder la suya propia.

Snow, tras derrotar a un pelotón entero del enemigo con el apoyo de las gemelas Shiva, consigue la cooperación de la Caballería. Si bien es una división del ejército, está en contra del Sanctum y presta ayuda a los lu’Cie.

A Hope le cuesta aceptarlo. Pero nada de eso le importa demasiado. Está frente a él la persona que involucró a su madre en la lucha que le costó la vida. Lightning le había disuadido de buscar venganza, pero su odio es demasiado profundo para que las palabras puedan disiparlo.

Hope avanza por los caminos de hielo que creó la magia de las gemelas. Su mano tiembla al aferrar el cuchillo de Lightning.

Odio irrefrenable

El coronel Rosch, director de la operación de exterminio de lu’Cie en Palumpolum, decide aumentar sus tropas. Sabe que la evacuación de civiles no ha terminado y que un combate callejero podría tener terribles consecuencias. Aún así, está convencido de que debe terminar con los lu’Cie sin demora. Si no lo hace, el odio y el miedo de la población podrían generar, en todo el Nido, revueltas que causarían un número aún mayor de muertes.

Entretanto, los lu’Cie se dirigen a la casa de Hope, donde planean reunirse tras una larga separación.

La furia arde en el corazón de Hope, alimentada por palabras que Snow pronuncia sin sospechar cómo son interpretadas por el muchacho. ¿Lo habrá olvidado todo? ¿Habrá olvidado cómo empujó a su madre a la lucha y cómo la dejó morir? Si es así, nunca podrá perdonarle.

Hope le dice a Lightning por radio que llevará a cabo su venganza, que continuará la Operación Nora. De inmediato se corta la comunicación y Lightning no puede hacer nada para aplacar la ira del muchacho.

Las lu’Cie del Gran Paals

De camino a la casa de Hope, Fang comienza a hablar de su pasado en respuesta a una pregunta de Lightning.

Le revela que nació en el Gran Paals (así llama Fang al Inframundo tan temido en el Nido) y que es también una lu’Cie. Cumplió su Misión y se convirtió en cristal, pero al despertar descubrió, para su asombro, que la habían llevado al Nido.

Vanille es otra lu’Cie del Gran Paals.

Mientras tanto, Snow y Hope se topan con un grupo de ciudadanos de Palumpolum que están siendo evacuados por el ejército. Snow, convencido de que el Sanctum se propone enviarlos a la Purga, le sonríe a Hope y se lanza al rescate. Pero esa sonrisa solo logra irritar aún más al muchacho. ¿Cómo puede sonreír, sabiendo que es un lu’Cie sin futuro?

Incapaz de encontrar una respuesta, Hope espera el momento de la venganza.

Hordas hostiles

Snow conoce la crueldad del ejército del Sanctum. Sabe que su objetivo no es proteger a la población, sino acabar con los lu’Cie a toda costa; que no les importa cuántos ciudadanos inocentes tengan que caer hasta lograrlo. Por eso amenaza a la gente; para alejarla de los lu’Cie y, por lo tanto, de las balas del ejército.

Pero nadie comprende sus intenciones. Snow y Hope son perseguidos por una multitud enfurecida. No la mueve solo el odio, sino también las ansias de defender el Nido, su hogar.

Hope es incapaz de afrontar una realidad en la que todo el mundo aborrece a Paals y a los lu’Cie como él. El muchacho cae en la desesperación más profunda y duda que visitar su casa del Paseo Fénix pueda cambiarle el ánimo.

Su madre Nora, que siempre le ayudaba y protegía, ya no está allí… por culpa de Snow.

Venganza

Hope, finalmente, da rienda suelta al odio que llevaba dentro desde hacía tanto tiempo.

En forma de magia letal lo lanza contra Snow, a quien culpa de la muerte de su madre. Pero cuando se dispone a completar su venganza, le alcanza el fuego enemigo.

Snow no ha olvidado las últimas palabras de aquella madre que le había encomendado a su hijo antes de morir. Sin dudarlo un instante, se lanza a proteger a Hope y da violentamente contra el suelo.

Entretanto, Lightning escucha la confesión de Fang. Cuando ella y Vanille despertaron de su sueño de cristal, habían perdido la memoria. En busca de pistas acerca de la Misión que habían olvidado, ambas se infiltraron en la planta energética de Euride. Necesitaban averiguar la Misión para evitar que Vanille, cuya Marca seguía activa, se convirtiera en Cie’th, y también para impedir la creación de más lu’Cie.

Fang está convencida de que a Serah la hicieron lu’Cie en reemplazo de ellas dos, incapaces de recordar su Misión.

Ante este relato, Lightning vacila. Fang parece ser responsable de la tragedia de Serah, pero también le ha dado esperanzas de que su hermana reviva.

Una mirada al futuro

Así como los habitantes del Nido temen al Inframundo, los pobladores del Gran Paals, la tierra natal de Fang, le tenían pavor al Nido.

Lightning y Fang descubren que tienen mucho en común: ambas crecieron en un mundo siempre temeroso de un ataque enemigo, cargan con la Marca de los lu’Cie sin saber cuál es su Misión y son perseguidas por el Sanctum.

A pesar de todo, Fang no pierde la esperanza. Sueña con reencontrarse con Vanille, cumplir con ella su Misión antes de que le llegue la hora de convertirse en Cie’th y volver juntas a su tierra.

Lightning, por el contrario, no tiene una meta que le dé fuerzas para seguir luchando… hasta que Fang le ayuda a encontrarla. Le dice que viva con la esperanza de que Serah despierte de su sueño de cristal. En ese instante, se oye una explosión a la distancia.

¿Correrán peligro Snow y Hope? Sin poder comprobarlo, Lightning y Fang parten al rescate.

Más allá del odio

Cuando Hope recupera el sentido, descubre que Snow le está llevando a cuestas. Avanzando con dificultad debido a sus heridas, Snow le habla del remordimiento y el dolor que se ocultaban tras su sonrisa de siempre, y le devuelve a Hope el cuchillo de Lightning.

La espalda de Snow está indefensa. Sería fácil para Hope hacerle pagar, de un cuchillazo, por la muerte de su madre. Es el instante que tanto había esperado, mientras luchaba movido por la sed de venganza y nada más. Pero en ese momento, Hope lo comprende todo.

Desde el principio sabía que la muerte de Snow no le devolvería a su madre. Buscaba venganza porque eso le daba una razón para vivir. Hope no vivía para vengarse, sino todo lo contrario: necesitaba la sed de venganza para seguir viviendo. Su odio hacia Snow le permitió superar las batallas más cruentas. De algún modo, la presencia de Snow le protegía.

Cuando se reúne con Lightning, Hope le devuelve el cuchillo y declara el fin de la Operación Nora.

Burlando al ejército, los lu’Cie llegan a casa de Hope. Su padre, que esperaba angustiado, se entera de la muerte de Nora.

Reconciliación

El cuchillo que Serah le regaló el día de su cumpleaños es, para Lightning, un símbolo del remordimiento.

Cuando su hermana le confesó que era una lu’Cie, Lightning no le creyó. Como consecuencia de eso, Serah fue apresada por el fal’Cie de Bodhum y la misma Lightning fue convertida en lu’Cie al intentar rescatarla. Entregarse a la lucha era, para ella, una manera de olvidar el remordimiento que sentía por haberle dado la espalda a Serah.

En el momento en que Lightning enfrenta su propia debilidad, consigue también asumir la realidad. Entonces le pide perdón a un hombre que yace en cama recuperándose de sus heridas.

Se trata de Snow, el que siempre ha creído en Serah y le ha brindado su apoyo. El que ha protegido a Hope a riesgo de su propia vida.

Se han disipado las tensiones mutuas entre los lu’Cie, pero su situación sigue siendo desesperada. Snow se ha propuesto derribar al Sanctum, pero Bartholomew, el padre de Hope, le hace una advertencia: si los lu’Cie acaban con el Gobierno, eso no hará más que reavivar el terror de la población. Si ese terror los lleva a tomar las armas, puede desatarse un caos incontrolable.

Cuando el grupo se dispone a buscar un plan alternativo, los soldados de PSICOM irrumpen en la casa.

Hope les sale al encuentro.

La despedida de Hope

El coronel Rosch, de PSICOM, muestra a los lu’Cie la cruda realidad: la Purga y la caza de lu’Cie no son fruto de una decisión unilateral del Sanctum ni de los fal’Cie. Es el pueblo, movido por un temor extremo al Inframundo, el que exige la liquidación de los lu’Cie. Si este deseo no es satisfecho, el Nido entero puede caer en el caos.

Si las palabras de Rosch son ciertas, el enemigo de Lightning y los demás no es el Sanctum, sino los sentimientos de las decenas de millones de personas que habitan el Nido. A pesar de eso, deben sobrevivir.

Habiendo superado su deseo de venganza, Hope decide partir en busca de una nueva meta. Para descubrir el camino que ha de seguir, deberá enfrentarse al odio de millones de seres y a las maquinaciones de los fal’Cie.

Hope se despide de su padre y, a bordo de una nave de la Caballería que ha venido al rescate, se aleja de la casa en que nació.

Al mismo tiempo, los otros lu’Cie siguen huyendo. El destino ha querido que Sazh y Vanille lleguen a la ciudad de ensueño.

La ciudad de ensueño

Nautilus, la ciudad del ocio y el entretenimiento, está colmada de turistas. Mezclados en tal multitud, el ejército jamás podrá encontrarlos.

Sin embargo, esto no logra animar a Sazh. Su hijo Dajh se vio envuelto en el incidente de la planta energética de Euride y se convirtió en lu’Cie del Sanctum, o sea, un enemigo de Paals. Justo lo contrario que su padre.

No hay manera de conocer la situación de Dajh, que está en manos de PSICOM. Si su Misión era acabar con el fal’Cie de Paals, debe de haberse convertido en cristal cuando el fal’Cie fue destruido en el Despeñadero. ¿Pero qué ocurriría si su Misión fuera dar caza a los lu’Cie? En ese caso, tarde o temprano se convertiría en Cie’th… a menos que Sazh muriera junto con los demás.

Hay algo más que preocupa a Sazh. Desde que le habló a Vanille de su hijo, la nota claramente deprimida.

Sueño efímero

Las noticias de la lucha en Palumpolum llegan a las pantallas de la ciudad de ensueño. Vanille reconoce a Fang y así se entera de que su amiga, de la que se había separado en Euride, está bien.

Sin embargo, no se siente con ánimo de festejarlo. Ha conocido el dolor que sufre Sazh, su compañero de andanzas. Dajh, el hijo de Sazh, es un lu’Cie del Sanctum y por lo tanto un enemigo de los lu’Cie de Paals… incluso de su padre.

Vanille es la responsable de esta tragedia.

Si ella y Fang no hubieran irrumpido en la planta energética de Euride, Dajh no habría sido convertido en lu’Cie.

Vanille cae en una profunda depresión. Sazh, que no sabe lo ocurrido en Euride, trata de animarla, pero su ternura hace que Vanille se sienta aún más culpable.

El desfile está por comenzar. Quizá los dos puedan olvidar sus penas por unos momentos, pero Vanille siente que después les aguarda una realidad aún más dura.

El fin del sueño

La Pompa Sancta, un deslumbrante espectáculo de luz y sonido, relata la lucha entre el Nido y Paals.

Un lu’Cie del Inframundo entra en escena como la encarnación del mal y se dispone a arrasar con el Nido. Ante la resistencia de un fal’Cie y un lu’Cie del Nido, el invasor se convierte en un terrible monstruo, cuya apariencia recuerda a Sazh y Vanille al ser que les fue revelado en aquella visión…

Ragnarok. Se desata la batalla final y el lu’Cie de Paals es derrotado.

La escena parece vaticinar el futuro de Sazh y Vanille.

Habían venido a divertirse y olvidar sus penas por un momento, pero el espectáculo los devuelve a la dura realidad.

La pareja se dirige a Nautilandia. Vanille decide confesarlo todo tras disfrutar un poco más de ese día de ensueño: que ella tiene la culpa de que Dajh, el hijo de Sazh, haya sido convertido en lu’Cie. Sazh, cansado de huir, ha tomado también una difícil decisión.

Los dos siguen riendo para ocultar el dolor de la separación inminente.

El fin de la fuga

Cansado de huir sin esperanza, Sazh se despide de Vanille. Planea entregarse al ejército para reunirse con Dajh, que está en manos de PSICOM. Aunque eso signifique una muerte segura, a Sazh le basta con ver una vez más a su hijo y hablarle de los chocobos de Nautilandia.

En un intento desesperado de hacerle cambiar de idea, Vanille le incita a la venganza. Si Sazh supiera quién fue el culpable del incidente de Euride, quizá eso le dé ansias de vivir. Pero el culpable no es otro que la misma Vanille. ¿Cómo revelárselo?… La vacilación de la muchacha es interrumpida por el ataque del ejército.

Sazh huye protegiendo a Vanille. No le importa ser atrapado, pero debe poner a la chica a salvo.

La verdad de Euride

Dajh, al convertirse en lu’Cie del Sanctum, había sido dotado del poder de percibir la presencia de seres de Paals. Gracias a él fue descubierto, aquella noche de los fuegos artificiales, el fal’Cie de Paals que yació oculto durante siglos en Bodhum.

Ahora, la desconocida Misión de Dajh es revelada de la manera más atroz. Poco después de abrazar a su padre, que Dajh ha hallado mediante sus poderes especiales, el niño queda convertido en cristal. Su Misión era atrapar a un lu’Cie de Paals.

Sazh, desolado, ve llegar a la coronel Nabaat de PSICOM, el organismo que estaba utilizando a Dajh. Entonces, Sazh descubre la verdad: él fue convertido en lu’Cie por culpa de su compañera de andanzas, Vanille.

Vanille huye y Sazh va tras ella. Nabaat no trata de detenerlos. Quiere observar la lucha a muerte entre dos lu’Cie y obtener datos valiosos para uso militar.

El eidolón Brunilda

Sazh ha perdido todo incentivo para vivir. Su hijo Dajh se ha convertido en cristal frente a sus propios ojos. Sazh sabe que Vanille es responsable y la acusa amargamente, pero le perdona la vida. Matarla no haría volver a Dajh.

La Marca de Sazh se enciende en respuesta a su desesperación y aparece el eidolón Brunilda. Sazh no trata de huir. Para él, la muerte sería un alivio. Sin embargo, Vanille le protege. Sabe que Sazh la odia, pero aun así quiere que siga con vida.

Tras derrotar al eidolón, Sazh apunta a Vanille con su pistola pero no es capaz de disparar. Entonces decide usar el arma para terminar con su propia vida.
Vanille es apresada por PSICOM. Los lu’Cie de Paals han de ser transportados a la capital Edén y ejecutados allí públicamente. De esto se han enterado también Lightning y los demás lu’Cie a bordo del Lindblum, nave insignia de la Caballería.

La imponente flota del Sanctum

El Sanctum se apresta a transportar a la capital Edén a los lu’Cie apresados en Nautilus para ajusticiarlos públicamente.

El general brigadier Raines, al mando de la Caballería, teoriza sobre las intenciones reales de los fal’Cie que controlan al Sanctum: quieren ejecutar a los temidos lu’Cie de Paals para aliviar la ansiedad del pueblo y afianzar así su dominio del Nido.

Lightning y los demás no van a permitirlo, y se disponen a abordar el Palamecia, nave insignia del Sanctum que transporta a los lu’Cie capturados. A bordo viaja también Dysley, primarca del Sanctum.

A los lu’Cie les espera una trampa, pero han de ponerse en acción.

Abordaje del Palamecia

El Palamecia, nave insignia del Sanctum que lleva a bordo a los lu’Cie de Paals destinados a la ejecución pública, permite la entrada de Lightning y los demás sin mayores dificultades. Como lo suponían, se trata de una trampa. En cuanto abordan la nave, a la que han llegado con la ayuda de Raines y su Caballería, se topan con un pelotón de soldados de PSICOM. Pero los lu’Cie no se echan atrás.

Rescatar a sus compañeros no es su único objetivo; están luchando para cambiar el mundo.

En el Palamecia, el primarca Dysley está al mando de las operaciones. Si logran capturarlo y obligarlo a confesar el secreto de los fal’Cie, quizá puedan acabar no solo con el dominio de los fal’Cie, sino también con el engaño del que es víctima la población.

Si la gente se libera del odio a Paals, cultivado durante siglos por las mentiras del Sanctum, Lightning y los demás podrán reincorporarse a la sociedad del Nido y vivir nuevamente en paz.

Fuga por la vida

Sumido en la desolación tras ver a su hijo Dajh convertirse en cristal, Sazh había elegido la muerte. Sin embargo, sigue con vida. Él y Vanille, presos de la coronel Nabaat, viajan rumbo a la capital Edén, donde les espera el cadalso. Les han perdonado la vida para quitársela después en público.

Al saber que Vanille era responsable de que Dajh se hubiera convertido en lu’Cie, Sazh la había denostado, pero ahora ha recuperado la calma.

Vanille era una lu’Cie enemiga del Nido y había dormido durante siglos convertida en cristal. Cuando despertó, temió verse obligada a luchar nuevamente contra el Nido y ocultó la verdad a Fang, que había perdido la memoria. Así trató de dar la espalda a los hechos.

Esta confesión de Vanille otorga nuevas esperanzas a Sazh. Quizá Dajh también despierte un día de su letargo de cristal.

Los dos aprovechan un descuido de los soldados para fugarse. Ya no intentan huir de la realidad; buscan la libertad para seguir viviendo.

Entretanto, Lightning y su grupo van al rescate derribando, uno tras otro, a los esbirros enemigos que les salen al paso.

Reencuentro milagroso

La coronel Nabaat estaba perdiendo la calma. A pesar de que había planeado la defensa teniendo en cuenta todas las posibilidades, el avance de los lu’Cie era irrefrenable. Para colmo de males, los motores del barco volador dejan repentinamente de funcionar.

Nabaat no sabe que cierto poder los ha detenido intencionadamente.

Los lu’Cie parecen tener la suerte de su lado. Poco después de liberarse, Sazh y Vanille recuperan sus armas.

Lightning y los demás descubren rutas que les permiten avanzar sin mayor dificultad por el barco.

Todos se reencuentran como guiados por el destino, y la unión les da nuevas fuerzas: sienten que tienen el poder de hacer milagros.

Ya no dudarán más. Solo ellos pueden derrocar al Sanctum, terminar con el dominio de los fal’Cie y devolver el Nido a la humanidad.

Lightning y los suyos avanzan decididos a todo. Han de llegar al puente del Palamecia, enfrentarse al Primarca y mostrarle el poder de los milagros.

La Misión revelada

El Primarca del Sanctum es en realidad un fal’Cie. Para él, los humanos no son más que herramientas desechables y lo prueba sacrificando a sus propios subordinados, incluso a la coronel Nabaat.

Sin siquiera inmutarse ante el ataque de Lightning y su grupo, Baldanders les revela desdeñosamente la verdad: la Misión que el fal’Cie de Paals encargó a los lu’Cie es convertirse en el abominable Ragnarok y arrasar el Nido.

Serah se convirtió en cristal porque su Misión era convocar a un grupo de individuos aptos para destruir el Nido, lo que se cumplió cuando Snow y los demás llegaron al Vestigio de Bodhum.

El deseo de Serah de que protegieran el Nido no tenía relación alguna con su Misión ni con la del grupo.

Los lu’Cie, abrumados por la verdad que acaban de conocer, aceptan sumisamente la nave que les ofrece Baldanders y abandonan el Palamecia, que se va a pique. Su nuevo barco volador está protegido por una fuerza invisible y burla el encarnizado ataque del coronel Rosch, cayendo finalmente en las profundidades de la capital Edén, donde los lu’Cie deberán enfrentarse nuevamente con la realidad.

Los designios del fal’Cie

Lightning y sus compañeros están juntos de nuevo, pero eso no los libra de sus tribulaciones. Si es verdad lo que les ha dicho el fal’Cie Baldanders, verdadera identidad del Primarca del Sanctum, entonces su Misión es acabar con el Nido.

Han de convertirse en Ragnarok, la terrible criatura que se les apareció en aquella visión. Han de luchar contra el Huérfano, el ser que sustenta al Nido, y poner fin a la existencia de ambos. Baldanders se ha empeñado en revelarles esta Misión, pero ¿cómo es posible que desee la destrucción del Nido?

El grupo no tiene manera de saberlo, pero es evidente que una fuerza sobrenatural los ha protegido.

Esquivando por sus propios medios el ataque del coronel Rosch, aquel barco volador los ha traído ilesos hasta un Vestigio de Paals oculto tras las luces de la animada capital Edén.

Todos están a punto de perder las esperanzas. Los acontecimientos han afectado especialmente a Snow. Hasta ahora había podido mantener arriba el ánimo porque creía que su Misión era proteger el Nido, como se lo había pedido Serah… pero ahora sabe que su prometida también era de los enemigos de su mundo.

El despertar del poder oculto

Fang y Vanille recuerdan una leyenda de su tierra y concluyen que el lugar donde se encuentran es un Arca, uno de los arsenales creados por el Gran Paals para enfrentar una posible invasión de enemigos desconocidos. Sin embargo, no comprenden por qué está en el Nido. Aparentemente fue traída del Gran Paals de igual manera que el fal’Cie de Bodhum y los despojos de las Cumbres Infames, pero si se descubre que tal vestigio existe cerca de la capital Edén, hasta el ejército del Sanctum puede ser presa del pánico. Quizá no estén enteradas ni las mismas autoridades del Sanctum.

El Arca es también un campo de entrenamiento para elevar el poder de los lu’Cie. Al sentir encenderse sus Marcas y despertar su fuerza oculta, el grupo comienza a entender cuáles son las intenciones de Baldanders.

Aparentemente, el fal’Cie que se ocultaba tras la imagen del Primarca busca que los lu’Cie cumplan su Misión: destruir el Nido. Quizá los haya transportado al Arca porque allí podrían adquirir la fuerza necesaria para hacerlo.

La voluntad de Raines

La deidad que creó a los fal’Cie y a la humanidad desapareció dejando al mundo a su suerte. Para salvarlo de la devastación, la deidad debe ser invocada nuevamente. Pero su regreso requiere un sacrificio digno: la muerte de las decenas de millones de habitantes del Nido. Los fal’Cie han venido cuidando de este mundo con el único fin de procurarse vidas que ofrendar a la deidad, pero para invocarla deben autodestruirse, lo que tienen vedado. Por eso ahora buscan herramientas que hagan por ellos el trabajo de acabar con el Nido, y en secreto brindan su apoyo a los lu’Cie de Paals.

Así lo revela Raines, quien es en realidad un lu’Cie controlado por Baldanders. Por orden del fal’Cie, Raines ha venido auxiliando y guiando a Lightning y su grupo, pero en sus últimos momentos decide rebelarse: derribará a los lu’Cie de Paals para impedir la aniquilación del Nido.

Raines, o más bien lo que queda de humano en él, sueña con salvar el Nido. Por ese sueño lucha y es derrotado, pero obtiene la eternidad del cristal.

El eidolón Bahamut

Raines se ha convertido en cristal, no por haber cumplido las órdenes de un fal’Cie, sino por actuar según los dictados de su condición humana. Al verle, Snow recuperará la fe.

No importa cuál sea la Misión que se les haya encomendado. Si han decidido defender el Nido tal como Serah lo pidió, eso es lo que deben hacer. Aunque su destino sea convertirse en Cie’th por renegar de la Misión, es mejor eso que destruir su propio mundo en contra de los deseos de Serah.

Snow lo ha decidido: hará que su prometida se sienta orgullosa de él, pase lo que pase.

Fang, sin embargo, rechaza la idea. No soportaría ver a sus amigos convertirse en Cie’th.

Para evitarlo debe cumplir la Misión a toda costa, pero eso significaría enfrentarse a sus compañeros. Fang está en una dolorosa encrucijada.

Cuando su angustia llega al límite, su borrosa Marca se enciende y aparece el eidolón Bahamut. Dice la leyenda que estas criaturas vienen a rescatar de sus penurias a los lu’Cie… terminando con sus vidas. Cuando Fang advierte que no solo la suya está en peligro, sino la de todos, cambia de actitud. Fiel al deseo de auxiliar a sus compañeros, vence al eidolón y frente a ella se abre un nuevo camino.

Rumbo al Gran Paals

Los fal’Cie buscan reconstruir el mundo con ayuda divina, pero para que regrese la deidad se requiere el sacrificio de decenas de millones de vidas. El Nido fue creado con el propósito de generar esas vidas y conservarlas hasta el momento oportuno.

Ahora los fal’Cie se proponen utilizar a los lu’Cie de Paals para llevar a cabo su plan. Desde el principio han observado a Lightning y los demás, prestándoles ayuda cuando ha sido necesario. El hecho de que hayan sobrevivido a los ataques del ejército se debe, seguramente, al apoyo invisible de los fal’Cie.

Para ellos, los militares del Sanctum son simples marionetas desechables, útiles para entrenar a los lu’Cie de Paals.

Los lu’Cie, por su parte, están acorralados. Si rechazan la Misión de destruir el Nido, se convertirán en Cie’th. Pero obedecer a los fal’Cie significaría la pérdida de muchas vidas.

Solo los sustenta su voluntad. Voluntad de cumplir el deseo de Raines y de Serah: proteger el Nido. Esa es su única esperanza.

A través del combate con Bahamut, el grupo ha superado sus diferencias. Ahora parten hacia un vasto mundo desconocido: el Gran Paals.

Páramo sin esperanza

Los lu’Cie han llegado al Gran Paals con la esperanza de librarse de su Misión de destruir el Nido, pero los días pasan y su situación no mejora. Han explorado largamente los campos sin hallar un alma; solo monstruos merodean entre las ruinas.

¿Habrá desaparecido por completo la humanidad del Gran Paals, vencida en la terrible batalla por la supervivencia? ¿Será para restaurar esta tierra abandonada que los fal’Cie buscan invocar a la deidad, a costa de decenas de millones de vidas?

El tiempo transcurre implacable y el grupo comienza a ser presa de la impaciencia y la desesperación. Es una señal ominosa, pues el descontrol del espíritu puede acelerar la transformación de la Marca hacia su condición final, que desencadena la metamorfosis del lu’Cie en la atroz figura de un Cie’th.

Entonces ocurre algo que les advierte del fin inminente: la Marca de Hope comienza a refulgir.

El eidolón Alejandro

Se creía que los eidolones venían para rescatar al lu’Cie de su infortunio quitándole la vida, pero al ver a Alejandro aparecer frente al compungido Hope, Lightning comprende que no es así. El cometido de los eidolones es reprender severamente al lu’Cie que se ha dejado vencer por la desesperación y la angustia, sometiéndole a una prueba que otorga nuevos ánimos a quien la supera.

A través de su batalla con Alejandro, Hope recobra las ansias de vivir.

Deciden partir hacia el norte, a la lejana aldea de Oerba. En la tierra natal de Vanille y Fang quizá puedan desvelar el misterio de la antigua guerra entre el Nido y el Gran Paals, e incluso encontrar una manera de deshacerse de sus Marcas de lu’Cie.

En pos de una ínfima esperanza, el grupo pone rumbo a Oerba.

El eidolón Hecatónquiro

Si no cumplen la Misión de derribar al Huérfano y acabar con el Nido, Lightning y sus compañeros están condenados a convertirse en Cie’th. Sin embargo, destruir el Nido significa quitar la vida a millones de ciudadanos inocentes.

En busca de una pista que les permita librarse de ese terrible destino, el grupo recorre el Gran Paals hacia el norte, rumbo a Oerba. A su paso se topan con monstruos de todo tipo, pero no encuentran ni a un ser humano.

La civilización que aquí existía, ¿habrá desaparecido a causa de la Guerra de Oclusión que libraron hace siglos el Nido y el Gran Paals?

Fang averigua, finalmente, lo que Vanille le ha ocultado durante tanto tiempo: es Fang la que se convirtió en Ragnarok y atacó el Nido en aquella guerra.

Vanille no se lo había dicho para evitar que su amiga se atormentara, y aún ahora se niega a reconocerlo.

Tal es su empecinamiento que el eidolón Hecatónquiro viene a hacerla recapacitar. Un lu’Cie no debe dar la espalda a la realidad.

El cielo que vi junto a Serah

Vanille quería huir de la Misión de destruir el Nido y se la ocultó a Fang, que había perdido la memoria, pero solo logró que su amiga se desviviera por impedir que Vanille se convirtiese en Cie’th.

En busca de pistas acerca de la Misión, Fang provocó el incidente del Barranco de Euride.

Tras separarse de Fang en la planta energética, Vanille recorría el Nido sin rumbo fijo. Fue entonces cuando se encontró con Serah.

Recordó haberla visto en el Vestigio de Bodhum: era la chica que el fal’Cie había tomado como lu’Cie en reemplazo suyo para cumplir la Misión que ella había rechazado, aunque Serah no lo sabe.

Vanille, agobiada entre el sentimiento de culpa y la dura realidad, encontró alivio en las palabras de Serah: “Si no puedes afrontarlo, déjalo para después”. Mientras haya vida, siempre habrá esperanza de superar las dificultades.

Al escuchar el relato de Vanille, Snow renueva su determinación de defender el Nido.

Lightning lo ha reconocido como futuro cuñado. En su mirada ya no hay trazas de la hostilidad de antaño.

Un mundo sin color

Vanille y Fang recordaban su aldea natal como un bello lugar lleno de flores. Sin embargo, al llegar a Oerba tras una larga travesía, la encuentran convertida en un páramo cubierto de polvo cristalino.

La esperanza que abrigaban comienza a desvanecerse. Han renegado de su Misión: derribar al Huérfano, acabar con el Nido y con millones de vidas. Sus Marcas cambian de forma, lenta pero inexorablemente, indicando que se acerca el momento de la trágica transformación en Cie’th.

Oerba, en donde esperaban poder librarse de ese horrible destino, es ahora un mundo de desolación y muerte.

Pero el camino no termina allí; avanzarán hasta el final.

Destrucción por mano del hombre

Los fal’Cie saben utilizar los sentimientos de los humanos para convertirlos en herramientas a su servicio. Baldanders crea una ilusión de Serah que perturba a Lightning y a los demás. A continuación, predice la inminente destrucción del Nido.

Ha nombrado primarca del Sanctum a Raines, tras resucitarlo y convertirlo en una marioneta sin alma. Así busca despertar la ira de la Caballería, empeñada en derrocar al Sanctum. A la vez, el fal’Cie aguijoneará el miedo de la multitud al Inframundo para provocar una guerra civil en la que los pobladores del Nido se maten unos a otros.

La Caballería sin duda aprovechará la confusión de la guerra para irrumpir en la capital Edén y eliminar al Huérfano, sin saber que eso significará el fin del Nido.

Para impedir la destrucción del Nido a manos de la humanidad, Lightning y su grupo deben volver al mundo flotante, pero… ¿no será todo una trampa? Quizá Baldanders espere el regreso de los lu’Cie para obligarlos, mediante todo tipo de ardides, a adoptar la forma del terrible Ragnarok y acabar con el Huérfano.

Baldanders se esfuma tras dejarles un barco volador listo para llevarlos de vuelta.

Los lu’Cie deben tomar una decisión de la que depende el destino del Nido.

Regreso

Vanille y Fang han regresado a su aldea, tras siglos de ausencia, en busca de pistas para cambiar su triste destino, pero la encuentran transformada en un lugar sin vida, cubierto de cristales pulverizados.

Al Nido, tierra natal de Lightning y los demás, también le espera la tragedia. Sus habitantes, víctimas del engaño de los fal’Cie, se disponen a matarse entre sí. Hay que impedirlo a toda costa. Aunque ahora les sea hostil, el Nido es el hogar de los lu’Cie.

La maldición del fal’Cie sigue vigente. Si regresan al Nido con su Misión a cuestas, puede que causen más destrucción de la que quieren evitar. A pesar de todo, deben actuar. Pondrán fin al conflicto entre humanos, burlando los viles planes de los fal’Cie. Encontrarán esperanza en la desesperación más profunda y salvarán el Nido.

El grupo remonta el vuelo. No los sustentan plegarias a una deidad cruel, ni las promesas de un ente protector; solo llevan en el corazón un voto inquebrantable que se han hecho a sí mismos.

Cuenta atrás

La excitación de la carrera se transforma repentinamente en el terror más profundo: al regresar Lightning y su grupo, ha aparecido en la capital Edén un ejército de enormes monstruos y autómatas asesinos.

Se ha roto el sello de las Arcas que los fal’Cie ocultaron en el Nido, dejando en libertad a las huestes del Inframundo.

Aprovechando la confusión que reina entre las filas del ejército del Sanctum, la Caballería entra en acción.

El capitán Rygdea, ansioso por poner fin al dominio de los fal’Cie y del Sanctum, irrumpe en el despacho de Raines, su antiguo compañero de armas, ahora primarca del Sanctum.

Raines acepta sumiso su destino. Ha sido revivido para servir a los planes de Baldanders, pero no ha perdido la dignidad. El destino del Nido tienen que decidirlo los hombres. Los esclavos de los fal’Cie deben desaparecer.

Sin embargo, la Caballería ignora la verdad. Planea derribar al Huérfano para salvar el Nido, sin saber que su caída significaría la destrucción del mundo flotante. Sus ideales de libertad están siendo utilizados por Baldanders.

Los rebeldes ya se dirigen al centro de la capital; hay que detenerlos antes de que sea demasiado tarde.

Caos en Edén

El ejército infernal de Paals ha sido liberado de las Arcas ocultas y arrasa con Edén, ciudad capital y sede del Sanctum. Pero puede que eso sea solo el preludio de la verdadera catástrofe. Si lo ocurrido en Edén se sabe en el resto del Nido, el pueblo, siempre temeroso de una invasión del Inframundo, sucumbirá al pánico. El miedo llevará a la violencia y las revueltas se cobrarán muchas vidas inocentes. La situación puede convertirse en una sangrienta guerra civil.

Sin embargo, es posible que el Nido mismo desaparezca antes de que eso suceda.

La Caballería, resuelta a poner fin al dominio de los fal’Cie, busca eliminar al Huérfano, fuente de su poder. No sabe que, junto con el Huérfano, caería también el Nido.

Irónicamente, el fervor revolucionario de la Caballería contribuirá a la realización de los planes de su enemigo: para hacer que la Divinidad regrese, Baldanders debe acabar con el Nido y las decenas de millones de vidas que lo habitan. Hay que impedirlo a toda costa. Lightning y los suyos, siguiéndole el rastro a la Caballería, se internan en el caos de violencia en que se ha convertido Edén.

Lucha fratricida

Todos han jurado proteger el Nido: Snow y su grupo, la Caballería, empeñada en derrocar a los fal’Cie, e incluso los soldados del Sanctum, entrenados para luchar contra Paals. Sin embargo, a pesar de tener una meta en común, todos combaten entre sí, movidos por los engaños de los fal’Cie. Para ellos, los humanos no son más que piezas de recambio.

El coronel Rosch lo sabe y justamente por eso ha elegido luchar contra los lu’Cie, a quienes considera enemigos de la humanidad que ponen sus poderes mágicos al servicio de los fal’Cie.

El fin del Nido es inminente. La Caballería se dispone a acabar con el Huérfano, tal como lo urdió Baldanders. Al igual que Rosch, sus hombres actúan movidos por sus principios. Si no atienden a razones, puede que haya que detenerlos por la fuerza.

Pero todavía hay esperanza. Han llegado los miembros de NORA y brindan su apoyo a Snow, aunque ahora sea un lu’Cie de Paals. Quizá no sea tarde aún para poner fin a la guerra intestina.

El fin de un soldado

Cuando cesó aquel resplandor, los soldados estaban convertidos en Cie’th. Los fal’Cie habían dado cuenta de los hombres que ya no necesitaban. No habían tenido siquiera la oportunidad de cumplir una Misión; su alma les había sido arrebatada en un instante. Rosch, el único que aún conserva la forma humana, habla en nombre de los militares fieles a los fal’Cie. Lo que Rosch más quería proteger, la paz y tranquilidad del pueblo del Nido, no puede mantenerse sin la ayuda de los fal’Cie. Si se prestó a ejecutar planes tan crueles como la Purga y la caza de lu’Cie, fue con el propósito de asegurar la estabilidad social.

Incluso ahora, arrepentido de sus acciones y vencido en la lucha, es incapaz de escapar a su destino de soldado. Por eso decide terminar su vida como tal.

La guerra fratricida está por llegar a su fin, pero el Nido no estará a salvo hasta que desaparezca Baldanders.

Cuna de muerte

Los soldados de la Caballería, que momentos antes luchaban por terminar con el régimen de los fal’Cie, deambulan convertidos en abominables Cie’th. En realidad, jamás habían pensado en eliminar al Huérfano; sabían que eso significaría la destrucción del Nido. Los fal’Cie los habían utilizado como simples señuelos para atraer a los lu’Cie.

Baldanders confía en la victoria. Los lu’Cie parecen no tener voluntad de cumplir su Misión, pero él sabrá utilizar sus sentimientos para que actúen según sus planes.

Si tienen fe en el futuro, bastará con cerrarles las puertas que conducen al mañana. La esperanza traicionada se convertirá en dolor y después en odio.

Por último engendrará al terrible Ragnarok, la criatura destinada a acabar con el Huérfano, destruir el Nido y ofrendar sus millones de vidas a la deidad salvadora.

Es el fin.

Pensando en este día ha construido Baldanders el Nido, criado en él un rebaño de seres humanos para el sacrificio y ayudado secretamente a los lu’Cie de Paals. Ahora ha dado su última orden al fal’Cie Edén, regidor supremo del Nido: que guíe a los miserables lu’Cie hasta la cuna donde, soñando con la muerte, yace el Huérfano.

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